No tenía más de 13 años Guillermo cuando,
cansado de los cuestionamientos de su técnico de Novena
por el físico esmirriado, y más cansado aun de mirar
los partidos desde el banco o de ni siquiera ser convocado, encaró
directamente al presidente de Gimnasia, Roberto Vicente, para
pedirle el pase libre y poder irse a otro club a mostrar todo
lo que tenía en sus botines. Pasó el tiempo, más
de 20 años, y el final de su etapa en Boca se parece mucho
a aquel principio en La Plata. No le hará falta encarar
al presidente, Mauricio Macri en este caso, porque su contrato
termina en apenas tres meses y el ídolo está dispuesto
a esperar hasta el último día sin precipitar los
tiempos, abrigando la esperanza de que en algún momento
el equipo lo necesite o que las cosas, siempre vertiginosas en
el mundo Boca, se acomoden. Pero, si no hay retorno como parece,
esta vez, a diferencia de aquel planteo preadolescente que terminó
en nada porque hubo cambio de técnico y enseguida empezó
a jugar sin parar hasta el debut en Primera, el Melli sí
se marchará para intentar demostrar que todavía
le queda un rato de fútbol. ¿Retiro? No todavía:
el orgullo está intacto. Y en el teléfono tiene
varias ofertas (Estados Unidos, México y hasta se mencionó
San Lorenzo) de clubes que lo quieren tener a partir de que a
mitad de año clausure sus diez años de amor con
Boca.
Guille, no era para menos, paseó su mueca triste durante
toda su estadía en México, acompañó
a desgano a sus compañeros en el calentamiento, recibió
la caricia de los hinchas con el clásico "Guilleeermo,
Guilleeermo" cada vez que salió y entró al
campo de juego y fue de los primeros en dejar el vestuario y el
último en subirse al micro para acomodarse en el último
asiento contra la ventanilla derecha. Antes, descargando la bronca
con ampulosas mordidas a un chicle, y tal vez así evitando
convertirla en palabras más estridentes, contó lo
que pudo y como pudo sobre este momento tan especial...
—¿Con qué sensación te vas de México?
—Con la idea de que se perdió y se dejó pasar
una buena oportunidad para sacar un buen resultado y jugar más
tranquilos en Buenos Aires. Ahora el jueves estamos obligados
a ganar.
—¿De tu situación personal no querés
hablar?
—No. Bueno, yo tenía ganas de jugar, estaba ilusionado,
pero el técnico se decidió por otro. Esperaré
poder jugar el domingo, o el jueves, o el otro domingo, o el otro
domingo, o el otro domingo...
—¿Esa chance la esperás con paciencia o fastidio?
—La espero con ganas y preparándome para el día
que me toque jugar, poder hacerlo bien.
—Mirá si te toca jugar contra Gimnasia...
—Y, es una posibilidad.
—¿Es lógico que con Toluca no hayas entrado?
—Cada uno tendrá su opinión. Acá el
técnico se decidió por hacer otros cambios y punto.
—¿A cuánto estás de explotar?
—No. No sé... Yo veo que las posibilidades de jugar
son cada vez menos, así que.... Tengo bien en claro qué
es lo que voy a hacer el 1° de julio.
—Querés decir que si no jugás hasta el 1°
de julio, ¿te vas?
—No, tengo bien en claro qué voy a hacer el 1°
de julio. Mientras tanto me voy a preparar y me voy a entrenar
para jugar.
—¿Eso quiere decir que te vas de Boca?
—No. Quiere decir que tengo bien claro lo que voy a hacer
a partir del 1° de julio. Nada más.
—¿Y qué vas a hacer?
—Nada, el 1° de julio ya van a ver. Falta tanto...
—¿En este momento te sentís con menos chances
que con Basile?
—Ehhh.... Y por cómo se dieron las cosas... Como
se dieron los últimos encuentros en los que entré,
sí...
Después del viaje tremendo, del cansancio por jugar con
diez, de la derrota, la Bombonera parece el lugar ideal para que
Guillermo se reencuentre, titular, con una hinchada que casi casi
lo exigirá como redentor. ¿Le dará lugar
o seguirá Marioni? El Melli no pierde la fe, mide sus palabras,
no quiere crear mal clima. Espera y espera. Pero el final no aparece
lejos.